De redes y jóvenes

¡Un día más, es un día menos! Un día menos para que llegue el verano, queremos decir… El sol sale, hace calorcito, ¡y vamos buscando la sombra como lagartijas para poder ir sobreviviendo!

Pero tal vez, y solo tal vez, algunos han decidido buscarla tanto que no hacen otra cosa… Y prefieren quedarse en casa, enganchados al calor que desprenden las pantallas de sus ordenadores que proyectan un bonito perfil de Facebook, que salir a tomar un helado con un amigo en la calle sentados en un banco cobijado por un bonito árbol que cubra parcialmente los rayos de sol.

Albert Einstein

Y es que ya lo decía Einstein: “Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo solo tendrá una generación de idiotas”. Vale, la afirmación así puede ser muy dura, ¡pero no saquemos las cosas de contexto! Estamos en la era de los millennials, que para los que todavía no se sientan familiarizados con el término, son esos seres jóvenes con ojos que pareciera que no pueden separarse más de diez minutos de un aparato electrónico.

Algo estamos haciendo mal, muy mal… ¿Habéis oído hablar de la ironía tecnológica? Mientras nos acerca a las personas más lejanas, nos aleja de las más cercanas… ¡Ojo! No estamos en contra del avance, ni mucho menos, pero es que hay barreras que no deberíamos sobrepasar. Más que barreras, llamémosles límites: siempre se ha dicho que los excesos no son buenos, ¿no?

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Ya lo hemos dicho antes, y lo comentamos en un post hace unas semanas: los millennials ya no vienen con un pan debajo del brazo, sino con una tablet. El problema llega cuando Internet puede ser un arma de doble filo, y los más pequeños son los más vulnerables para cortarse. ¿Ponemos un ejemplo?

Hombre adulto, de unos cincuenta años, clase social media. Creció en el seno de una familia modesta, pero nunca le faltó de nada. De niño vivió el nacimiento de cosas tan impresionantes como la televisión a color, y según crecía, vio aparecer Internet ¡y la fabricación de los primeros teléfonos móviles (vaya ladrillos, ¿los recordáis?) del mercado! Aunque antes tener este tipo de tecnología avanzada estaba al alcance de muy pocos debido a su alto coste, ahora este buen hombre dispone de un smartphone aceptable con el que se mantiene en contacto con sus antiguos amigos del colegio, colegas de universidad, compañeros de trabajo y familia. También dispone de ordenador personal en casa y televisión y, aunque da uso de ellos, no ocupa la mayor parte de su tiempo. Si un día se le olvida el teléfono en casa o se queda sin batería, no es solo que no suponga ningún drama, ¡sino que se siente liberado!

Pero… ¿y si nos fijamos en un chico de unos quince años? Planteemos que pertenece al mismo nivel social que el hombre anterior (¡incluso podría ser su hijo!). Sueña con tener el mejor smartphone del mercado, y es que claro… ¡la apariencia también cuenta! Además, necesitará una buena cámara para poder realizar fotografías sobre su desayuno, comida, merienda y cena, a las que les pondrá cantidad de filtros, para después compartirlas en todas sus redes sociales, porque no puede dejar desactualizados sus perfiles de Facebook, Twitter, Youtube, Google+, Instagram, Tumblr, Tuenti y otras tantas (ahora das una patada a una piedra, y te sale una red social nueva). Además, cuando decida salir de la cueva que es su habitación para ver a sus amigos ante una luz de sol cegadora, tendrán que hacerse mil fotos y también compartirlas, para demostrar lo unidos que están y todo lo que se quieren

Estudios recientes demuestran redes sociales OSESA

Empecemos por decir que cuanto más ruidosa es la demostración, menos fuerte es el vínculo… aunque eso es otro tema. La adicción de tantas personas hoy en día a lo que es la red de redes y su necesidad por compartir todo es algo abrumador. De ahí el doble rasero que comentábamos antes: Internet es una herramienta asombrosa, porque tenemos a nuestro alcance datos y conocimientos que hasta hace unas décadas nos podían resultar imposibles de imaginar. Pero… también tenemos que ser conscientes de que todo lo que publicamos (ya tratando el tema al margen del tiempo que le dediquemos) se quedará ahí para siempre.

Por eso, resulta de vital importancia concienciar a los niños sobre la importancia de la privacidad, aplicada al ámbito tecnológico. No tiene porqué pasar nada, pero siempre está bien poner ciertas limitaciones para que este tipo de cuestiones no vayan a más, al mismo tiempo que se motiva a los más pequeños a volver a la calle, a los parques que ahora se muestran vacíos y tristes sin tantos pequeñajos correteando y montando sobre sus columpios. A abrazar a sus amigos, en lugar de ponerles te quieros, muchas veces vacíos, en los comentarios de la última foto subida.

Desde OSESA queremos promover este tipo de actividades al aire libre, como forma de nuestro compromiso con la sociedad y el medio ambiente… ¿Sabéis que tenemos material para patios que harán que los más pequeños se lo pasen divinamente a cualquier hora del día mientras disfrutan del sol? Por eso, os animamos a quedaros con aquellos que os hagan olvidar el smartphone. ¡Feliz fin de semana!

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